El control petrolero venezolano, ha
dejado de ser un asunto exclusivamente de política interna para convertirse en
una pieza fundamental del tablero geopolítico mundial, fuertemente subordinado
a los intereses estratégicos de Estados Unidos.
La situación del control y manejo de
los recursos petroleros del país se define por los siguientes puntos:
- La doctrina de seguridad de EE. UU.: Ante la inestabilidad en el
Medio Oriente y la amenaza sobre las terminales petroleras de Irán,
Estados Unidos previamente ha implementado una nueva doctrina de seguridad
nacional que exige tener el control del petróleo a nivel mundial. En este
escenario, el movimiento de Washington para hacerse con las reservas
petroleras venezolanas responde a una necesidad estratégica
prioritaria.
- Ingresos "administrados" por fuerzas
extranjeras: La escalada bélica global podría disparar los precios del barril de
petróleo a 100 o incluso 200 dólares, lo que significaría un ingreso
inmenso para Venezuela. Sin embargo, se destaca una cruda realidad de este
nuevo orden: estos recursos están siendo administrados por Estados
Unidos, a pesar de que los beneficios le toquen a la nación.
- La "Ley de Hidrocarburos" y la
complacencia política: A nivel legislativo interno, el control de las reservas se ha
formalizado a través de la reciente Ley de Hidrocarburos y la Ley de
Minas. Se crítica a los diputados que votaron a favor de estas leyes,
señalando que son legislaciones históricas porque "determinan
prácticamente la totalidad de nuestros recursos". Los
representantes debieron razonar su voto y exigir mejores condiciones para
la República en lugar de hacerle "coro al gobierno" y aprobar la
entrega de estos recursos sin condiciones.
- El silencio de los especialistas: Se lamenta la falta de debate
público sobre el destino de la principal riqueza de la nación. Critica
abiertamente que los expertos petroleros más importantes de Venezuela
hayan guardado silencio y no estén aportando una visión objetiva, técnica
y precisa sobre la realidad del sector para defender los intereses del
país.
En resumen, el control del petróleo
venezolano actualmente está dictado por el pragmatismo, donde la gestión
financiera y estratégica obedece a los requerimientos de Washington, avalado
internamente por nuevas leyes sin la debida resistencia política.