El fortalecimiento de la sociedad civil es un elemento indispensable para cualquier transición democrática en Venezuela, no basta con exigir transformaciones a los políticos: "también la sociedad tiene que cambiar".
Este proceso de fortalecimiento y
movilización ciudadana se basa en las siguientes acciones clave:
- Organización y exigencia activa: La sociedad civil no se trata de
ciudadanos aislados, sino de la sociedad organizada a través de
sindicatos, gremios, asociaciones de vecinos y comunas. Es imperativo que
estas organizaciones se movilicen para luchar por sus reivindicaciones
diarias (como la mejora del servicio de agua o electricidad) y hagan
seguimiento para que las promesas se cumplan.
- Superar el miedo histórico: Se señala que la sociedad
venezolana ha pasado 30 años "amordazada" y sometida al temor.
Hoy en día, frente a las nuevas y tímidas expectativas de libertad de
expresión, los ciudadanos deben cultivar esos espacios, organizarse y
perder el miedo a opinar.
- Independencia de los medios: Los comunicadores juegan un rol
fundamental. No pueden limitarse a hablar a favor de los intereses
económicos de quienes les pagan; deben mantener un margen de
independencia, proteger el interés público y actuar como verdaderos voceros
del reclamo popular.
- Romper el "silencio sepulcral"
institucional: Existe una fuerte crítica hacia la apatía de las grandes
instituciones del país, a las cuales se les exige asumir su
responsabilidad pública:
- Las Universidades: A excepción de la UCV y la
UCAB, se lamenta el silencio de instituciones universitarias, la critica a
que las facultades de derecho no se pronuncien de manera crítica sobre
temas de interés nacional, como las nuevas leyes aprobadas o la vital
elección del Fiscal General y el Defensor del Pueblo.
- La Iglesia: la pasividad del sector católico como las
iglesias evangélicas y dejen de ser manipuladas por el gobierno de turno.
- Los Intelectuales y Expertos: Se reprocha la inacción de los
especialistas, especialmente los expertos petroleros, quienes tienen el
deber de aportar una visión objetiva y técnica al país en lugar de callar
por comodidad o por miedo a afectar sus propios intereses.
En conclusión, el país necesita que sus ciudadanos
y profesionales dejen de ser espectadores pasivos y comiencen a comprometerse
ejerciendo una verdadera contraloría social.